
Más de seis décadas de historia y sabor cuencano
Hablar de Cuenca es hablar del Hotel El Dorado. Fundado en 1965 por el empresario cuencano Guillermo Vásquez, El Dorado fue pionero en la hotelería local y ha llegado a ser una pieza clave en el desarrollo turístico y culinario de la ciudad. Con más de cinco décadas de trayectoria, este espacio con historia ha logrado mantenerse fiel a sus raíces y a la identidad cuencana, adaptándose con coherencia a los cambios de su entorno.
Tradición que se respira en Cuenca
Situado en la tradicional esquina de Gran Colombia 7-87 y Luis Cordero Esquina, en pleno centro de Cuenca, justo donde pasa el tranvía, el hotel ofrece un diseño contemporáneo y funcional con detalles que evocan la tradición cuencana. Desde sus ventanales se aprecia el movimiento de una ciudad vibrante, y al cruzar su lobby, el visitante encuentra un ambiente sobrio y acogedor. Las habitaciones, amplias y luminosas, ofrecen vistas privilegiadas del centro y están equipadas con todas las comodidades necesarias para el viajero moderno.
En nuestra visita al hotel, fuimos recibidos con calidez por su gerente general, Santiago Malo, quien compartió con entusiasmo la historia, los desafíos y las decisiones que han definido el rumbo del hotel.
Volver a casa: la cocina como identidad
“Cometimos el error en un momento de irnos demasiado hacia lo gourmet y lo internacional. Pero tras varios estudios de mercado comprendimos que el turista ya no viene solo por las iglesias o el centro histórico; Cuenca se ha consolidado como un destino gastronómico”, nos explicó. Esa conclusión los motivó a reconectarse con lo esencial: la cocina cuencana, la que genuinamente cautiva a quienes llegan a la ciudad.
El sabor que define a una ciudad
El restaurante principal, también llamado El Dorado, expresa esa visión con una carta enfocada en los sabores tradicionales. Su propuesta incluye platos como el locro de papas, el seco de chivo, la fritada con llapingacho, mote pillo, papas con cuero, empanadas de viento, y una trilogía de carnes —tres tipos de chuzos tradicionales— servida con tres tipos de papas: chaucha, salteadas y fritas. “Si un restaurante en Cuenca no tiene locro de papas o empanadas de viento, no puede llamarse cuencano”, afirma con decisión Santiago.
Pan caliente al amanecer: el ritual invisible
El legado culinario del hotel viene desde sus inicios. Ya en 1965, el restaurante Inti, ubicado en el séptimo piso de la torre de negocios, ofrecía cocina típica como parte de su menú, sentando un precedente importante. A ello se suma la tradición panadera del hotel: El Dorado fue el primero en la ciudad en tener una panadería propia, elaborando desde entonces el célebre pan de machica, hoy uno de sus productos más apreciados.
“El turno de panadería es el más exigente: empieza a las 10 de la noche y va hasta la madrugada para que todos tengamos pan fresco por la mañana. Es un trabajo enorme que merece ser reconocido”, comenta Santiago. Liderando ese esfuerzo está Rosita Zarumeño, jefa de pastelería desde hace más de 30 años, quien con experiencia y entrega ha perfeccionado recetas que forman parte del imaginario culinario de la ciudad.
Un equipo que cocina historia todos los días
Además del restaurante principal, el hotel administra Fogo Grill Bar, especializado en carnes a la parrilla, y las Panaderías El Dorado, que ofrecen diariamente panes y dulces tradicionales. El desayuno cuencano —con mote sucio, papas con cuero, llapingachos, fritada y empanadas— es uno de los favoritos entre visitantes nacionales y extranjeros.
Uno de los factores clave ha sido la estabilidad del equipo humano: “Aquí trabajan casi 60 personas, muchas de ellas con años de trayectoria. La baja rotación nos permite mantener procesos estables y garantizar calidad. Si el equipo está bien, la empresa también lo estará.”
El menú se ajusta según la respuesta de los comensales. “Evaluamos qué platos tienen mayor aceptación y sustituimos los que no se mueven mucho. Además, trabajamos con productos de la zona gracias a alianzas con empresas de agroproducción. Estamos innovando constantemente e incorporando productos como la quinua y el cuscús en nuestros platos, como parte de una cocina local que dialoga con lo contemporáneo”.
Innovar sin perder el alma
Ese enfoque les valió el Sello de Identidad Cultural entregado por la Fundación Turismo para Cuenca. “Es importante visibilizar el trabajo de quienes están detrás de cada plato: cocineros, panaderos, pasteleros… personas que desde la madrugada están comprometidas con ofrecer una experiencia auténtica”, señala Santiago Malo.
Además, el gerente resalta que en Cuenca hay una ciudadanía exigente y conocedora: “Los cuencanos valoramos lo propio, pero también somos muy críticos. Esa exigencia local es un motor constante para mejorar. Tenemos clientes que vienen cada semana y que aprecian no solo el sabor, sino el cuidado en los procesos y la presentación”.
Santiago también reconoce que la competencia en el sector gastronómico y hotelero ha crecido en la ciudad, lo cual lo considera positivo: “Toda competencia es bienvenida. Nos obliga a no quedarnos en la comodidad, a innovar, a cambiar la tendencia y buscar nuevos paradigmas gastronómicos. Aquí nadie puede dormirse”.
“Este reconocimiento nos impulsa a seguir creciendo. Construir identidad es fundamental, y en Cuenca a veces nos cuesta reconocer el valor de lo propio. Pero tenemos una de las mejores gastronomías del Ecuador y debemos sentirnos orgullosos de eso.”
Con más de cinco décadas de historia, una vocación sólida de servicio y un compromiso firme con la cultura gastronómica cuencana, Hotel El Dorado además de ser un alojamiento exclusivo en la ciudad, es un reflejo tangible del carácter cuencano, de sus sabores, su memoria y su gente. Un ícono local que sigue apostando por la autenticidad y la excelencia.
Katherine Barros
Soy una apasionada de la comunicación y el marketing, con más de 10 años de experiencia en la creación de proyectos que combinan cultura y responsabilidad social. A lo largo de mi carrera, he dirigido un libro educativo y gestionado relaciones públicas para iniciativas culturales como el Festival Internacional de Música Académica Contemporánea y la revista Tasty Cuenca. Además, fundé un estudio enfocado en responsabilidad social, lo que refleja mi compromiso con el bienestar de la comunidad.
En mi rol actual como directora comercial de Buen Gusto Magazine, mi enfoque está en destacar la gastronomía, la cultura y el turismo de Ecuador, aplicando mi experiencia para crear conexiones valiosas y contar historias que resuenen con las personas. Mi enfoque no solo está en desarrollar estrategias, sino en promover el impacto positivo a través de la comunicación.
Soy una firme creyente en el aprendizaje continuo y en la creación de vínculos genuinos. Valoro profundamente el poder de compartir momentos especiales a través de la comida con amigos y familia, y ese espíritu de conexión lo reflejo en todo lo que hago, tanto en mi vida personal como profesional.
"A través de la comida, creamos recuerdos, transmitimos emociones y celebramos la unión."



