Cuenca Destino Gastronómico: nuevas rutas y sabores en la segunda temporada
Más identidad, más historias y una experiencia que va más allá de la pantalla.
Hay historias que no se cuentan en escenarios, sino alrededor de una mesa.
Días antes de esta conversación, Eduardo Montaleza abrió las puertas de su casa. Un espacio íntimo, rodeado de libros, fotos, recuerdos de rodaje y conversaciones que fluyen como una sobremesa sin prisa. Ahí, lejos del ruido, el proyecto toma otra dimensión: deja de ser una producción audiovisual para convertirse en una declaración personal.
Todo remite a la noche del 31 de enero de 2025. El Teatro Sucre, a sala llena, fue testigo de un momento que marcó a la ciudad. El estreno de Cuenca Destino Gastronómico instaló una idea con fuerza: la gastronomía construye comunidad y cultura. El respaldo del público fue contundente, con más de dos millones de impresiones en plataformas digitales y con una gran comunidad seguidores, la historia continúa este año con una segunda temporada que amplía su alcance y su razón de ser.
Cuenca Destino Gastronómico nació desde una búsqueda personal. ¿Cómo ha evolucionado esa motivación inicial?
El documental siempre ha sido mi forma de expresión. Encontrarme con la gastronomía fue un proceso muy cercano, casi inevitable, al descubrir el trabajo de chefs, cocineros y agricultores.
Con el tiempo entendí que la cocina contiene memoria. Cada receta guarda una historia que ha sido transmitida por generaciones. Registrar eso es una manera de preservar identidad y reconocer el valor cultural que existe detrás de cada plato.
Tras el impacto de la primera temporada, ¿qué veremos en esta nueva entrega?
Hay una evolución clara en la forma de contar. La segunda temporada profundiza en el valor real de la cocina local y en las historias que la sostienen.
Aparece una generación de chefs que creció con influencias familiares muy marcadas, pero que también se ha formado, ha viajado y ha regresado con nuevas ideas. Eso se refleja tanto en la narrativa como en la estética del proyecto.
Además, se incorpora un elemento clave: las rutas gastronómicas. La intención es que el contenido se traduzca en experiencias reales dentro de la ciudad.
¿Cómo fue el proceso de selección de los restaurantes?
Se analizó la propuesta de valor de cada espacio. Desde el origen de sus ingredientes hasta la forma en que trabajan en equipo y construyen su servicio.
Interesaba encontrar lugares donde exista coherencia entre producto, técnica, identidad y experiencia.
¿Qué tipo de experiencias gastronómicas querían mostrar?
La cocina siempre es una suma de factores. La tradición está presente en cada propuesta, porque responde a un entorno y a una historia.
La innovación aparece como una evolución natural. Y la cocina popular, la de las abuelas, se mantiene como un punto de referencia constante dentro del trabajo de los chefs.
Durante las grabaciones, ¿qué momentos marcaron el proceso?
Cada cocina tiene su propio ritmo. Observar, recorrer, conversar… todo suma en la construcción de las historias.
Hay algo que se repite: el compromiso. Muchos chefs coinciden en que su trabajo implica esfuerzo constante, y que el crecimiento de la ciudad como destino gastronómico también es una construcción colectiva.
Después del recorrido, ¿qué lugares o propuestas dejaron una huella especial?
Cada espacio tiene una identidad muy clara.
El Museo de la Gastronomía conecta con lo esencial a través de la cocina a la leña y el uso de técnicas tradicionales. En Le Petit, la propuesta de Giovanny Cambizaca se percibe desde la hospitalidad hasta el detalle en cada plato.
Los Priostes activa la memoria desde la cocina ecuatoriana contemporánea. Mansión Matilde integra arquitectura y gastronomía en una experiencia muy cuidada. Villa Ana María mantiene una lectura fiel de la tradición, mientras que ITA presenta una propuesta fresca con influencias diversas.
Cada uno responde a una visión, a un proceso y a una historia personal.
¿Qué define la identidad gastronómica de Cuenca?
Su relación con el territorio.
La ciudad ha sido históricamente un punto de encuentro de productos provenientes de distintas zonas del Azuay. Los mercados siguen siendo espacios fundamentales dentro de esa dinámica.
A eso se suma la herencia culinaria, especialmente la cocina transmitida en el entorno familiar. Hoy, esa base se conecta con nuevas propuestas que reinterpretan esos sabores con respeto.
¿Cómo aporta el proyecto al posicionamiento turístico de la ciudad?
El enfoque está en contar el proceso completo.
La gastronomía involucra a productores, mercados, cocinas y espacios de servicio. Mostrar esa cadena permite entender la experiencia en su totalidad.
Esto genera una conexión más profunda con el visitante y posiciona a Cuenca como un destino con identidad clara.
¿Qué papel cumplen chefs y emprendedores en esta construcción?
Son actores clave dentro del ecosistema.
Transforman productos y tradiciones en propuestas actuales, pero también sostienen equipos de trabajo que hacen posible cada experiencia.
Cuando existe una visión compartida, se consolida una escena gastronómica sólida y coherente.
¿Qué historias encontró detrás de los restaurantes?
Historias personales.
Muchos procesos comienzan en la cocina familiar. Otros se construyen a partir de formación y viajes. En todos los casos, hay una decisión de regresar o apostar por la ciudad.
Cada restaurante responde a un proyecto de vida.
¿Qué se viene con el lanzamiento y cómo podrá verlo el público?
La segunda temporada se lanzará próximamente con una estrategia multiplataforma.
El contenido estará disponible en espacios digitales, redes y portales gastronómicos, en español e inglés, con el objetivo de alcanzar audiencias locales e internacionales.
¿Qué mensaje deja para marcas y aliados?
Apostar por este tipo de proyectos implica fortalecer el desarrollo cultural y económico de la ciudad.
La gastronomía conecta distintos sectores productivos. Apoyarla permite generar impacto real en el territorio y proyectar a Cuenca hacia nuevos escenarios.
La nueva temporada de Cuenca Destino Gastronómico amplía el mapa.
Más allá de la pantalla, propone recorrer la ciudad desde sus sabores, entender sus procesos y reconocer a quienes construyen esta identidad todos los días.
El lanzamiento está previsto para el mes de julio. Te invitamos a seguir de cerca todos los contenidos en Click Ecuador y Buen Gusto Magazine.
Y si quieres entender dónde empezó todo, te recomendamos leer el artículo de la primera temporada y revivir el momento en que Cuenca comenzó a contarse al mundo desde su cocina.
Katherine Barros
Soy una apasionada de la comunicación y el marketing, con más de 10 años de experiencia en la creación de proyectos que combinan cultura y responsabilidad social. A lo largo de mi carrera, he dirigido un libro educativo y gestionado relaciones públicas para iniciativas culturales como el Festival Internacional de Música Académica Contemporánea y la revista Tasty Cuenca. Además, fundé un estudio enfocado en responsabilidad social, lo que refleja mi compromiso con el bienestar de la comunidad.
En mi rol actual como directora comercial de Buen Gusto Magazine, mi enfoque está en destacar la gastronomía, la cultura y el turismo de Ecuador, aplicando mi experiencia para crear conexiones valiosas y contar historias que resuenen con las personas. Mi enfoque no solo está en desarrollar estrategias, sino en promover el impacto positivo a través de la comunicación.
Soy una firme creyente en el aprendizaje continuo y en la creación de vínculos genuinos. Valoro profundamente el poder de compartir momentos especiales a través de la comida con amigos y familia, y ese espíritu de conexión lo reflejo en todo lo que hago, tanto en mi vida personal como profesional.
"A través de la comida, creamos recuerdos, transmitimos emociones y celebramos la unión."



