
El 30 de enero de 2025, el histórico Teatro Sucre acogió la presentación de la primera temporada de Cuenca Destino Gastronómico, una producción audiovisual creada para mostrar una faceta profunda de la ciudad: aquella que se construye en los mercados, en las cocinas familiares, en las parroquias rurales, en el trabajo de los agricultores y en las historias de quienes han convertido la gastronomía en una forma de preservar la identidad.
Aquella primera entrega marcó el inicio de una manera distinta de promocionar Cuenca. La propuesta no se limitaba a mostrar platos o recomendar lugares para comer, sino que buscaba revelar el origen de los sabores, el esfuerzo detrás de cada preparación y la relación entre gastronomía, cultura, turismo y espacio.
Un año después de su lanzamiento, el 21 de julio de 2026, el proyecto volvió al mismo escenario para presentar su segunda temporada, conformada por 12 capítulos. Este regreso evidencia la evolución de una iniciativa que trascendió el ámbito audiovisual para consolidarse como una estrategia de ciudad, capaz de integrar a instituciones públicas, empresa privada, restaurantes, productores, investigadores, mercados, agricultores y actores del sector turístico.
Un proyecto que fortalece el posicionamiento de Cuenca
Durante la presentación oficial de la segunda temporada, Lorena Guillén, directora ejecutiva de la Fundación Municipal Turismo para Cuenca, destacó que el proyecto representa el resultado de una visión construida entre distintos sectores.
“Esta noche estamos celebrando una visión compartida, un sueño que comenzó hace algunos años atrás y que hoy continúa consolidándose a través del trabajo conjunto entre el sector público, la empresa privada y todos quienes creemos profundamente en el potencial de nuestra querida ciudad de Cuenca.”
La serie forma parte de una estrategia que reconoce a la gastronomía como un producto turístico de alto valor y como una herramienta capaz de fortalecer la identidad, la promoción y el desarrollo económico del territorio.
La evolución del proyecto coincide con importantes avances para la ciudad. En 2024, Cuenca obtuvo la certificación como Capital Culinaria, otorgada por la World Food Travel Association. Posteriormente, en 2025, fue incorporada por la UNESCO a la Red de Ciudades Creativas en el ámbito de la gastronomía. Estos reconocimientos fortalecieron el camino para convertir a la cocina local en uno de los principales elementos de promoción turística de la ciudad.
“Hoy, ya en el año 2026, continuamos escribiendo esta historia. Lo hacemos consolidando un proyecto que ya no pertenece únicamente a una institución, sino que pertenece a toda la ciudad.”
La segunda temporada representa, por tanto, la continuidad de un proceso. No se trata únicamente de producir nuevos contenidos, sino de fortalecer una narrativa común alrededor de Cuenca como destino gastronómico.
Detrás de cada plato hay una historia
El origen del proyecto está estrechamente ligado a Eduardo Montaleza, director de ZagaVisual | Cuenca y creador de la serie.
Desde el inicio, su propuesta se alejó de la idea tradicional de realizar una guía audiovisual de restaurantes. El objetivo fue construir relatos humanos, reconocer a quienes forman parte de la cadena gastronómica y mostrar que cada plato es el resultado de años de trabajo, tradición y perseverancia.
Durante su intervención, Montaleza recordó la convicción con la que comenzó el proyecto:
“Hace algunos años iniciamos este camino con la convicción muy sencilla: detrás de cada historia existe mucho que contar.”
Esa visión se resume en una de las frases centrales de la producción:
“Detrás de una receta hay una familia, detrás de un restaurante hay años de sacrificio, detrás de un productor hay madrugadas, esfuerzo y perseverancia.”
La serie convierte esa reflexión en imágenes. Cada episodio busca mostrar el rostro humano de la gastronomía: agricultores que trabajan desde las primeras horas del día, comerciantes que mantienen vivos los mercados, panaderos que conservan técnicas tradicionales, cocineros que reinterpretan recetas y familias que han transmitido sus conocimientos de generación en generación.
Así, la gastronomía deja de observarse únicamente como una experiencia de consumo. Se presenta como una red de relaciones, saberes, territorios y memorias que se conectan antes de que un plato llegue a la mesa.
Doce capítulos para descubrir el territorio
La segunda temporada está conformada por 12 capítulos que recorren algunos de los escenarios gastronómicos, culturales y productivos más representativos de Cuenca y sus alrededores.
Los episodios conectan el centro histórico con las parroquias rurales, los restaurantes con los mercados y la cocina contemporánea con las recetas heredadas. A través de estos recorridos, la producción muestra que la identidad culinaria de la ciudad no se encuentra en un solo lugar, sino en la diversidad de personas y espacios que forman parte de su territorio.
La serie se acerca a zonas y tradiciones vinculadas con Ricaurte, el Biocorredor del Yanuncay, la avenida Don Bosco, Santa Anita, el Mercado 10 de Agosto, Todos Santos, Nulti, las chakras andinas y celebraciones tradicionales como el Corpus Christi.
Cada capítulo propone una mirada distinta, pero todos comparten un mismo hilo conductor: reconocer que la gastronomía es una expresión viva de la historia de Cuenca.
Los protagonistas de esta segunda temporada

A lo largo de la producción participan algunos de los espacios gastronómicos, productores, investigadores y guardianes del patrimonio alimentario más representativos de la ciudad y su área rural.
Entre los protagonistas de esta segunda temporada se encuentran:
Restaurante Biocorredor Yanuncay, junto a Luis Montaleza; Restaurante Marabú, con María Crespo; Curu Restaurante, con el chef Sebastián Martínez; La Enfrijolada, junto a Leonardo España; Pan de Nulti, con Alicia Lucero; Mansión Matilde, junto a Mónica Moreno; Los Priostes – Esquina de las Almas; Salumería Restaurante; y Restaurante ITA, con el chef Wilmo Ordóñez.
También forman parte de las historias el Museo de la Gastronomía del Ecuador, representado por la chef Karen Cueva y el Dr. Miguel Urgilés; El Labriego Alegre, junto a Gregorio Villacís; La Feria del Buen Vivir, representada por Marisol Morocho; el agricultor Marco Quinde; la investigadora gastronómica Nydia Vázquez; y el Mercado 10 de Agosto, uno de los escenarios emblemáticos de la producción.
A través de ellos y de otros actores que forman parte de la serie el documental demuestra que la gastronomía comienza mucho antes de llegar a la mesa. Nace en la tierra, en los mercados, en las recetas familiares, en el conocimiento de los productores y en el trabajo diario de quienes preservan los sabores del territorio.
Una ciudad que trabaja en conjunto
Uno de los principales mensajes de la segunda temporada es la necesidad de construir alianzas.
Para Eduardo Montaleza, el futuro turístico de Cuenca no depende de una sola institución, empresa o sector, sino de la capacidad de trabajar alrededor de objetivos comunes.
“Estoy convencido de que el futuro de Cuenca no depende únicamente de una institución y de una empresa, depende de la capacidad que tengamos para trabajar juntos.”
La producción refleja esa articulación. En ella convergen la Fundación Municipal Turismo para Cuenca, la Prefectura del Azuay, actores del sector gastronómico, productores, investigadores, establecimientos y medios de difusión.
El objetivo no termina con la publicación de los capítulos. La intención es que las historias despierten el interés de los visitantes, incentiven el recorrido por mercados y parroquias, fortalezcan el consumo de productos locales y generen oportunidades para quienes participan en la cadena turística y gastronómica.
“No buscamos únicamente producir documentales, buscamos construir identidad, buscamos generar oportunidades.”
La propuesta entiende que un turista interesado en la gastronomía no busca únicamente comer. Busca conocer el origen de los ingredientes, conversar con los productores, recorrer mercados, descubrir recetas y comprender la cultura del lugar que visita.
La gastronomía como patrimonio vivo
La serie también plantea una reflexión sobre el lugar que ocupa la cocina dentro de la identidad de Cuenca y el Azuay.
Durante su intervención, la viceprefecta del Azuay, Alexandra Quintanilla, recordó que los sabores guardan historias familiares y que muchas recetas nacen del conocimiento transmitido por abuelas, abuelos y generaciones anteriores.
“Los sabores y la comida tienen historia, que nacen de esa historia profunda de las manos de las abuelitas, bisabuelos…”
Esta mirada convierte a la gastronomía en patrimonio vivo. Las recetas no permanecen únicamente en libros o archivos, sino que continúan reproduciéndose en los hogares, mercados, restaurantes y celebraciones populares.
Quintanilla planteó además la necesidad de dejar de observar la gastronomía como un complemento del turismo.
“Que el turismo gastronómico no solamente sea visto como algo lejano, como algo que complemente, sino que se vuelva en ese nicho fuerte para nosotros poder vender así las historias.”
Bajo esta perspectiva, la cocina se convierte en el producto turístico mismo: una experiencia capaz de conectar al visitante con el territorio, la cultura y las personas.
Mercados, productores y parroquias: el origen de la cocina
La segunda temporada amplía el foco tradicional de las producciones gastronómicas.
Los restaurantes ocupan un lugar importante, pero no son los únicos protagonistas. La serie reconoce también a los mercados, agricultores, productores, panaderos y comunidades rurales como parte esencial de la identidad alimentaria.
Eduardo Montaleza destacó especialmente el papel de los mercados, a los que definió como el verdadero origen de la cocina.
En estos espacios confluyen productos, conocimientos, conversaciones y formas de vida que sostienen la gastronomía local. Allí se encuentran ingredientes frescos, recetas tradicionales, relaciones de confianza y una memoria que se construye todos los días.
El Mercado 10 de Agosto, por ejemplo, aparece como uno de los escenarios emblemáticos de la serie. Su presencia permite mostrar una gastronomía cotidiana, popular y profundamente vinculada con la vida de la ciudad.
De la misma manera, el trabajo de agricultores como Marco Quinde, productores como los que participan en la Feria del Buen Vivir y guardianes de tradiciones como Alicia Lucero, de Pan de Nulti, recuerda que el patrimonio alimentario depende de quienes conservan semillas, cultivan la tierra y mantienen activos los procesos artesanales.
Tradición e innovación en una misma mesa
Otro de los aportes de la serie es mostrar que la cocina tradicional y la cocina contemporánea no son conceptos opuestos.
Restaurantes como Curu, ITA, Mansión Matilde, Marabú, La Enfrijolada, Los Priostes y Salumería representan diferentes formas de interpretar el territorio.
Algunos recuperan recetas, otros exploran nuevas técnicas y varios construyen propuestas en las que los ingredientes locales dialogan con conceptos contemporáneos. En todos los casos, la identidad aparece como un punto de partida.
La serie evita presentar la innovación como una ruptura con la tradición. Por el contrario, muestra que innovar también puede significar investigar, valorar al productor, recuperar un ingrediente olvidado o narrar una receta desde una nueva perspectiva.
De la pantalla a la experiencia
La presentación de la segunda temporada incluyó además una propuesta destinada a convertir el contenido audiovisual en experiencias turísticas.
Cuenca Food Tours, presentada por Elvira Farfán, plantea la creación de un portafolio de recorridos, degustaciones, clases de cocina, visitas a productores y actividades gastronómicas que permitan conocer la ciudad desde sus sabores.
“La gastronomía no es únicamente alimentación, es cultura, es identidad y una de las formas más auténticas de conocer un territorio.”
La iniciativa busca articular a operadores turísticos, restaurantes, productores y emprendedores para ofrecer experiencias organizadas y auténticas.
De esta manera, el espectador que conoce una historia a través de la serie puede posteriormente visitar el lugar, probar el producto, conversar con sus protagonistas y vivir el relato en primera persona.
La propuesta fortalece la relación entre promoción audiovisual y experiencia turística. El documental despierta el interés; el recorrido permite convertir ese interés en una experiencia real.
Una producción que amplía su alcance
La difusión de los 12 capítulos a través de Visit Cuenca, Visit Azuay, Click Ecuador, CIPEM y Buen Gusto representa una de las fortalezas de esta segunda temporada.
Cada plataforma aporta una audiencia distinta y permite que las historias circulen más allá de un solo canal. La estrategia de distribución contribuye a que el contenido llegue a habitantes de la ciudad, viajeros, empresarios, actores del sector turístico y personas interesadas en la cultura y la gastronomía ecuatoriana.
Esta presencia multiplataforma también fortalece el carácter colectivo del proyecto. La promoción del destino deja de depender de una sola institución y se convierte en una acción compartida entre diferentes organizaciones y medios.
Los capítulos tienen así la posibilidad de mantenerse activos en el tiempo, ser consultados por nuevos públicos y convertirse en materiales de promoción de la ciudad y la provincia.
Cuenca se reconoce en sus sabores
Durante el cierre de la ceremonia, la alcaldesa subrogante Marisol Peñaloza destacó que Cuenca ha logrado fortalecer su identidad como ciudad patrimonial y gastronómica.
“Estamos muy felices. Como cantón, aparte de ser una ciudad patrimonial, somos una ciudad gastronómica, somos un destino gastronómico, somos una ciudad segura…”
Su intervención recordó que la cocina también representa una oportunidad de desarrollo económico y social.
Cuando un visitante consume productos locales, recorre mercados, visita restaurantes y se acerca a las parroquias rurales, genera movimiento en una cadena que beneficia a agricultores, comerciantes, cocineros, transportistas, guías y emprendedores.
La gastronomía se convierte así en un punto de encuentro entre patrimonio, turismo, cultura y economía.
Un proyecto que ya pertenece a la ciudad
Más allá del estreno de una segunda temporada, Cuenca Destino Gastronómico demuestra que las ciudades también pueden contar su historia a través de sus sabores.
La producción no se limita a mostrar alimentos. Muestra procesos, decisiones, dificultades, recuerdos y aspiraciones. Presenta a las personas que hacen posible la gastronomía y reconoce que el valor de un plato no comienza cuando llega a la mesa.
Comienza en la semilla, en la tierra, en las madrugadas del productor, en el mercado que abre sus puertas, en la receta que una familia se negó a olvidar y en la creatividad de quienes encuentran nuevas formas de contar el territorio.
La primera temporada, presentada el 30 de enero de 2025 en el Teatro Sucre, abrió el camino. La segunda, con sus 12 capítulos y su difusión a través de diferentes plataformas, amplía esa visión y confirma que el proyecto ha dejado de pertenecer únicamente a sus creadores o instituciones aliadas.
Hoy pertenece a una ciudad que ha decidido reconocerse, proyectarse y recibir al mundo desde su cocina.
Katherine Barros
Soy una apasionada de la comunicación y el marketing, con más de 10 años de experiencia en la creación de proyectos que combinan cultura y responsabilidad social. A lo largo de mi carrera, he dirigido un libro educativo y gestionado relaciones públicas para iniciativas culturales como el Festival Internacional de Música Académica Contemporánea y la revista Tasty Cuenca. Además, fundé un estudio enfocado en responsabilidad social, lo que refleja mi compromiso con el bienestar de la comunidad.
En mi rol actual como directora comercial de Buen Gusto Magazine, mi enfoque está en destacar la gastronomía, la cultura y el turismo de Ecuador, aplicando mi experiencia para crear conexiones valiosas y contar historias que resuenen con las personas. Mi enfoque no solo está en desarrollar estrategias, sino en promover el impacto positivo a través de la comunicación.
Soy una firme creyente en el aprendizaje continuo y en la creación de vínculos genuinos. Valoro profundamente el poder de compartir momentos especiales a través de la comida con amigos y familia, y ese espíritu de conexión lo reflejo en todo lo que hago, tanto en mi vida personal como profesional.
"A través de la comida, creamos recuerdos, transmitimos emociones y celebramos la unión."




