
El alma resiliente de Zapotillo embotellada en vinos ecuatorianos
En el cantón Zapotillo, al sur de la provincia de Loja, cada año ocurre un espectáculo natural único: la floración del guayacán, el árbol emblemático de la región que transforma el paisaje con su vibrante amarillo. Inspirada en esta fuerza natural y su simbolismo de resiliencia, surge la Viña del Guayacán, un proyecto que ha puesto a Ecuador en el mapa de la vitivinicultura mundial.
“La primera floración de nuestras vides marcó el inicio de un sueño y reafirmó nuestro compromiso con la tierra”, relata José Burneo, enólogo y gerente general, al rememorar los comienzos de esta empresa familiar fundada en 2015.
El nombre Viña del Guayacán es un homenaje al árbol icónico de Zapotillo, símbolo de resiliencia y vitalidad, que conecta profundamente al viñedo con su entorno. Este árbol, cuya espectacular floración transforma los paisajes, refleja el espíritu que inspira cada etapa de la producción de estos vinos. Desde las raíces del terroir hasta la copa, Viña del Guayacán encarna un compromiso inquebrantable con la tierra y su esencia.
Zapotillo, un terroir excepcional
La conexión de Viña del Guayacán con su entorno no es solo simbólica, sino que se materializa en las características únicas de su terroir. Enclavado en el cálido cantón Zapotillo, este rincón de Ecuador ofrece un clima soleado con marcadas oscilaciones térmicas, suelos franco-arenosos bien drenados y una altitud de 325 metros. Estas condiciones naturales, aprovechadas con esmero, crean el escenario perfecto para el cultivo de variedades como Cabernet Sauvignon y Chardonnay, seleccionadas para capturar la esencia auténtica de esta tierra singular.
Transformar este potencial en realidad no fue tarea fácil. Emprender un proyecto vitivinícola en un país sin tradición en esta industria representó desafíos que pusieron a prueba la determinación de Viña del Guayacán. “La falta de conocimiento local y las condiciones climáticas extremas fueron desafíos monumentales”, admite Burneo. Frente a estas dificultades, el espíritu resiliente del viñedo lo llevó a buscar formación en Italia, donde expertos como Stefano Parisi, enólogo de quinta generación, lo guiaron en la adaptación de técnicas modernas y tradicionales a las particularidades de Zapotillo.
Este compromiso con la excelencia no se limita al producto final, sino que también abarca el respeto por la tierra que lo hace posible. Viña del Guayacán ha implementado prácticas sostenibles que reflejan su visión de equilibrio entre innovación y responsabilidad ambiental. Sistemas de riego eficientes, el uso mínimo de agroquímicos y el fomento de la biodiversidad en el viñedo son parte de una filosofía que busca no solo producir vinos de calidad excepcional, sino también preservar el legado ambiental de Zapotillo para las generaciones futuras.
Sabores que cuentan la esencia de Zapotillo
En cada botella de Viña del Guayacán se embotella una narrativa única que conecta el sabor del vino con la riqueza cultural y natural de Zapotillo. Su portafolio refleja autenticidad y carácter, consolidándose como una expresión genuina del terroir ecuatoriano:
Cabernet Sauvignon: Este vino tinto, de cuerpo medio a pleno, ofrece notas de frutas maduras y especias que evocan la fertilidad y el carácter de la tierra. Su estructura robusta lo convierte en el acompañamiento ideal para platos icónicos como el seco de chivo o la fritada, reforzando el vínculo entre el vino y la tradición culinaria local.
Chardonnay: Un blanco fresco que exhala aromas de piña, durazno y delicados toques de caramelo. Su acidez vibrante lo hace perfecto para maridar con ceviche de camarón, elevando la experiencia gastronómica y resaltando la diversidad de sabores ecuatorianos.
“Buscamos que nuestros vinos no solo acompañen la comida, sino que realcen la experiencia gastronómica local”, señala Burneo, destacando la misión de Viña del Guayacán de conectar sus productos con las raíces de la región.
Pero el impacto de Viña del Guayacán trasciende el deleite de los sentidos. A través de alianzas con artesanos y productores locales, el viñedo fomenta el crecimiento económico y social de su comunidad, consolidándose como un referente de sostenibilidad. Además, apuesta por el enoturismo como herramienta para fortalecer la conexión entre los visitantes y la esencia de Zapotillo.
Las experiencias incluyen visitas guiadas al viñedo, catas personalizadas y propuestas gastronómicas cuidadosamente diseñadas para sumergir a los visitantes en los sabores, aromas y paisajes que definen a la región. “El enoturismo es nuestra ventana al mundo, una forma de mostrar el potencial del vino ecuatoriano a través de vivencias auténticas”, afirma Burneo con entusiasmo.
Mirando al futuro
Viña del Guayacán continúa innovando con proyectos como el desarrollo de un vino blanco espumante y la ampliación de sus instalaciones. Su visión es inspirar a otros a soñar y demostrar que Ecuador tiene un lugar destacado en la vitivinicultura internacional.
Más que un productor de vinos, Viña del Guayacán es un guardián de historias, sueños y resiliencia. Cada copa invita a descubrir la esencia de Zapotillo y a celebrar la riqueza de una tierra que florece con cada sorbo.
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Katherine Barros
Soy una apasionada de la comunicación y el marketing, con más de 10 años de experiencia en la creación de proyectos que combinan cultura y responsabilidad social. A lo largo de mi carrera, he dirigido un libro educativo y gestionado relaciones públicas para iniciativas culturales como el Festival Internacional de Música Académica Contemporánea y la revista Tasty Cuenca. Además, fundé un estudio enfocado en responsabilidad social, lo que refleja mi compromiso con el bienestar de la comunidad.
En mi rol actual como directora comercial de Buen Gusto Magazine, mi enfoque está en destacar la gastronomía, la cultura y el turismo de Ecuador, aplicando mi experiencia para crear conexiones valiosas y contar historias que resuenen con las personas. Mi enfoque no solo está en desarrollar estrategias, sino en promover el impacto positivo a través de la comunicación.
Soy una firme creyente en el aprendizaje continuo y en la creación de vínculos genuinos. Valoro profundamente el poder de compartir momentos especiales a través de la comida con amigos y familia, y ese espíritu de conexión lo reflejo en todo lo que hago, tanto en mi vida personal como profesional.
"A través de la comida, creamos recuerdos, transmitimos emociones y celebramos la unión."






